Durante mucho tiempo hemos creído que el cáncer era una enfermedad ligada casi exclusivamente al envejecimiento. Y es cierto que la edad sigue siendo uno de los grandes factores de riesgo. Pero los datos más recientes de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) para 2026 ponen una idea importante encima de la mesa: el número de casos en personas jóvenes y adultos de mediana edad también está creciendo.
Si comparamos las estimaciones de 2020 con las de 2026, vemos que los casos en mayores de 65 años aumentan un 8,24%. En las personas menores de 65 años, la subida es del 9,75%.
Esto no debería comportarse así. Si el envejecimiento fuera el gran motor del aumento, lo esperable sería que el incremento en personas jóvenes fuera claramente menor que en personas mayores. Aunque no sea una diferencia abismal, que llegue a ser superior es una señal de atención: algunos diagnósticos están apareciendo antes de lo que solíamos esperar.
¿Qué está pasando? Las causas de este aumento temprano
No hay una sola respuesta. El cáncer es una enfermedad compleja y no podemos reducirla a un único hábito o a una única causa. Aun así, los investigadores señalan varios factores relacionados con nuestro ritmo de vida actual que podrían estar adelantando algunos diagnósticos.
- Cambios en la alimentación y la microbiota. Las dietas poco saludables pueden alterar nuestras bacterias intestinales, y esa alteración influye en procesos como la inflamación y la respuesta inmune.
- El impacto de los antibióticos. Su uso repetido y prolongado desde la infancia podría estar jugando un papel en esta tendencia, especialmente por su relación con la microbiota.
- Sedentarismo y obesidad. Pasamos demasiado tiempo sentados y los niveles de sobrepeso, incluso en niños, siguen subiendo.
- Alcohol y tabaco. El consumo de alcohol aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer incluso con consumos bajos. En cuanto al tabaco, sigue siendo uno de los principales factores de riesgo evitables y está implicado en la gran mayoría de los cánceres de pulmón.
Esto no significa culpabilizar a nadie. Significa entender mejor el contexto en el que vivimos para poder prevenir, detectar antes y acompañar mejor.
El ejercicio: tu aliado contra la toxicidad de los tratamientos
Cuando hablamos de cáncer, el ejercicio físico no es solo “hacer deporte”. En muchos casos, bien pautado y adaptado, puede convertirse en un pilar para ayudar al cuerpo a soportar la toxicidad de los tratamientos, como la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia o la terapia hormonal.
La evidencia muestra que mantenerse activo puede reducir la fatiga oncológica, esa fatiga extrema que no siempre mejora descansando, y mejorar la percepción de salud durante el proceso. También ayuda a conservar fuerza, masa muscular, movilidad y autonomía.
Además, las personas que realizan ejercicio físico de forma regular pueden reducir el riesgo de mortalidad por la enfermedad en casi un 20%, según los datos recogidos por SEOM.
En definitiva, no se trata solo de sobrevivir al diagnóstico. Se trata de llegar al final del tratamiento con la mejor calidad de vida posible.
Fuentes

Escrito por
Jaume Sansó
Fisioterapeuta · Ejercicio y cáncer
Fisioterapeuta con más de 7 años de experiencia hospitalaria acompañando a personas durante y después del cáncer.
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Sabemos que este tema genera muchas dudas: qué tipo de ejercicio es seguro, cuándo empezar, qué hacer si hay fatiga, dolor, metástasis, anemia o miedo a moverse. Puedes consultar nuestras Preguntas Frecuentes para resolver las dudas más comunes.
