Si te han diagnosticado recientemente o estás en proceso de recuperación, es muy probable que te hayas preguntado: ¿Por qué a mí? ¿Es algo que estaba en mis genes?
La respuesta corta es que, aunque la genética influye, la gran mayoría de los casos de cáncer, entre el 90-95%, están relacionados con factores ambientales y hábitos de vida que podemos modificar. Entender esto no es para buscar culpables, sino para recuperar el control: si tu entorno influye en la enfermedad, tú tienes el poder de influir positivamente en tu salud y en tu recuperación.
Los genes no cambian en un siglo, pero nuestro entorno sí
Hay una realidad biológica que nos da perspectiva: el genoma humano tarda miles de años en cambiar de forma importante. Sin embargo, en apenas 100 años, el mundo ha dado un vuelco radical.
Si nuestros genes son prácticamente los mismos que los de nuestros bisabuelos, pero los diagnósticos de cáncer en personas jóvenes están aumentando, la pregunta es obligatoria: ¿Qué ha cambiado?
La respuesta está en nuestro estilo de vida moderno:
- Sedentarismo extremo: El cuerpo humano está diseñado para el movimiento, no para pasar ocho horas sentados frente a una pantalla.
- Alimentación procesada: Hemos sustituido la comida real por productos industriales, azúcares y grasas de baja calidad.
- Estrés crónico y falta de descanso: Un sistema inmune en alerta constante no puede reparar las células con la misma eficacia.
- Exposición a tóxicos: Contaminación y disruptores endocrinos que antes no existían y ahora están por todas partes.
Esto no significa que un hábito concreto “cause” el cáncer por sí solo, pero sí que crea un terreno biológico que facilita la enfermedad.
Evidencia científica: el estudio que cambió la oncología
En el año 2008, una revisión crucial publicada en la revista científica Pharmaceutical Research por Anand y colaboradores, titulada Cancer is a Preventable Disease that Requires Major Lifestyle Changes, arrojó datos que hoy son la base de la fisioterapia oncológica moderna:
- Solo el 5-10% de los cánceres son puramente genéticos.
- El 90-95% restante se debe al estilo de vida.
- El tabaco (25-30%) y la dieta/obesidad (30-35%) son los factores con más peso, seguidos de las infecciones y la inactividad física.
La conclusión es clara: el cuerpo no vive aislado. Lo que haces cada día “habla” con tus genes.
El ejercicio como tu “fármaco” natural en casa
Como profesionales del ejercicio físico, vemos a diario que el cuerpo tiene una capacidad de recuperación asombrosa si le damos los estímulos correctos. Si los hábitos modernos nos han vuelto vulnerables, el ejercicio es la herramienta más poderosa para “resetear” el organismo.
Al principio, no hace falta que entrenes como un atleta. Hay que usar el movimiento como un tratamiento:
- Dosificado: Ajustado a tu nivel de fatiga.
- Realista: Diseñado para implementarse en tu día a día.
- Seguro: Supervisado por especialistas en oncología.
Moverse no es solo “hacer gimnasia”; es una forma de conservar tu masa muscular, reducir la inflamación y recuperar la autonomía que el tratamiento te ha quitado.
Fuentes

Escrito por
Miquel Galmés
Fisioterapeuta · Ejercicio y dolor oncológico
Fisioterapeuta con más de 7 años de experiencia hospitalaria acompañando a personas durante y después del cáncer.
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Sabemos que este tema genera muchas dudas: qué tipo de ejercicio es seguro, cuándo empezar, qué hacer si hay fatiga, dolor, metástasis, anemia o miedo a moverse. Puedes consultar nuestras Preguntas Frecuentes para resolver las dudas más comunes.
